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Ezequiel Gleichgerrcht

Definitivamente hemos aprendido muchísimo acerca de la importancia de los lóbulos frontales en procesos que son necesarios para una vida social saludable a partir del caso de Phineas Gage. No debemos dejar de lado, sin embargo, otras fuentes de evidencia histórica que han hecho alusión a cómo la pérdida de la integridad de los circuitos frontales pueden afectar nuestra conducta. Quizás el caso más paradigmático de esta evidencia histórica es el "Papiro Edwin Smith" escrito, se cree, por Imhotep en siglo XVII antes de Cristo. Este papiro, considerado el documento médico más antiguo del mundo, compila más de cuarenta casos médicos, incluyendo sus bases anatómicas, sus síntomas y su tratamiento. De hecho, es el primer registro en el que aparece, por primera vez en forma escrita, la palabra "cerebro". En el noveno caso médico presentado por el papiro, Imhotep describe el caso de un paciente que había sufrido una lesión justo por encima de las cejas, con fractura de cráneo.

Esta es una lesión que automáticamente nos recuerda a la que sufrió el pobre Gage en su accidente laboral. Pero más allá de la recomendación de Imhotep de tratar a estos pacientes tapando la herida con huevo de avestruz triturado con grasa, lo llamativo de este caso es que es el único de los 48 incluidos en el texto que recurre a la magia para curar al paciente. Dice Imhotep en su papiro, que además del ungüento derivado de avestruz (!), debemos expresar las siguientes frases: "¡Repelido ha de ser el ENEMIGO que está en esta herida! ¡Extraído ha de ser el DEMONIO que está en la sangre[...]!". Este enemigo en la herida y demonio en la sangre, que nos recuerdan al discurso de curanderos de posesiones demoníacas, son el fiel reflejo de las consecuencias que acompaña una lesión de los lóbulos frontales: el severo cambio de personalidad y de conducta. Pero no debemos quitarle crédito a Gage. En realidad, no debemos quitárselo a Damasio, que en 1994 publica su obra seminal: "El Error de Descartes". Lo que Damasio nos enseña es que los cambios de personalidad que sufrió Phineas Gage como consecuencia de su lesión es que éstas secuelas conductuales pueden existir aún cuando el resto de las funciones cognitivas se encuentran relativamente conservadas. Como cuenta el Dr. Sposato en su relato, Phineas cruzó continentes sólo, tenía ocupaciones y hasta podía conducir el vehículo por excelencia de la época. Pero aún así, "Gage ya no era Gage". Hoy, quienes hacemos investigación en neurociencias cognitivas, estamos intentando entender las bases neurales de estos cambios severos que tanto afectan a quienes rodean al paciente, para poder así desarrollar programas de rehabilitación que sean eficientes.

 

Ezequiel Gleichgerrcht

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