
En este post sobre muerte súbita hago un análisis de la evidencia científica que se ha publicado hasta el momento, pasando por las causas, las condiciones predisponentes, las estrategias de prevención y algunos consejos útiles.
A lo largo de la historia de la medicina, la muerte súbita se ha definido de varias maneras. A mi entender, la mejor definición, libre de tecnicismos, es "muerte inesperada en personas sin antecedentes médicos importantes, dentro de las primeros 60 minutos desde el comienzo del primer signo o síntoma". Estos signos y síntomas pueden incluir palpitaciones, falta de aire, dolor de cabeza, dolor de pecho, vértigo, sensación de desvanecimiento, palidez, sudoración fría, etc. Antes de seguir quiero aclarar que es extremadamente infrecuente que estas manifestaciones culminen en una muerte súbita. Si bien nunca hay que dejar de prestarles atención y consultar, suelen ser la expresión de cuadros que raramente terminarán en la muerte.
La muerte súbita puede ocurrir dentro o fuera de un hospital. También podemos clasificarla de acuerdo a la edad en infantil o del lactante, personas jóvenes (≤ 40 años) y adultos (>40 años). A los fines de este post me voy a referir sólo a aquellas muertes súbitas que ocurren en personas jóvenes que no están internadas.
El problema de los reportes científicos sobre muerte súbita es que, dado que es una condición muy poco frecuente, es difícil obtener conclusiones confiables por lo que la mayoría de los estudios tienen varias debilidades metodológicas.
Frecuencia
Según el estudio argentino PRISMA, publicado en la Revista Argentina de Cardiología, la incidencia de muerte súbita en mayores de 18 años es de 73 casos por cada 100.000 habitantes por año. Analizando estudios internacionales, esta cifra puede variar entre 19 y 190 casos cada 100.00 habitantes por año. Estas cifras corresponden a estudios realizados en jóvenes y ancianos por lo que no representan la verdadera frecuencia en menores de 40 años. En los Estados Unidos, ocurren entre 250.000 y 450.000 casos por año.
La muerte súbita es más frecuente en hombres que en mujeres.
Causas
Según la Mayo Clinic (Rochester, Minnesota) dos de cada tres muertes súbitas ocurridas en la población general (todas las edades) son atribuibles a problemas cardíacos. Según un estudio holandés sobre muerte súbita ocurrida fuera del ámbito hospitalario en personas menores de 40 años, la causa más frecuente fue enfermedad fue coronaria no conocida por la víctima: tres de cada diez muertes (33%) se produjeron en personas que tenían enfermedad coronaria y no lo sabían. Otras causas cardíacas incluyeron una anomalía estructural denominada miocardiopatía hipertrófica (5%), arritmias como el síndrome de QT prolongado (6%), malformaciones congénitas (6%) y otras (2%). Estos resultados nos dicen que en menores de 40 años una de cada dos muertes súbitas se produce por algún problema cardíaco. Estos datos difieren de los de la Clínica Mayo porque se trata de personas más jóvenes, en quienes los problemas cardíacos no son tan frecuentes como en los mayores. En tres de cada diez casos no fue posible identificar una causa (27%). En cuanto a este punto hay que aclarar que en otros estudios la cantidad de muertes que quedan sin un diagnóstico claro puede llegar hasta al 50%. Dentro de las causas no cardíacas, la más frecuente fue la epilepsia (14%). La siguieron la hemorragia cerebral, probablemente por aneurismas (5%) y el asma (2%).
Señales de advertencia
Por lo general la muerte súbita ocurre sin previo aviso, sin embargo hay dos situaciones que merecen ser consideradas como señales de advertencia:
● Síncope sin causa evidente durante el ejercicio: es la súbita pérdida de conocimiento (desmayo) durante la actividad física sin que exista alguna razón que la justifique.
● Antecedentes familiares de muerte súbita: si algún miembro de la familia ha fallecido súbitamente y sin una causa clara antes de los 50 años de edad es indispensable consultar con el cardiólogo.
Obviamente cualquier síntoma relacionado con una posible enfermedad coronaria también debe motivar una consulta inmediata. Estos síntomas incluyen dolor opresivo en el pecho y sensación de falta de aire (disnea) principalmente.
Prevención
Muchos casos de muerte súbita podrían prevenirse. Si bien una elevada proporción de casos no puede prevenirse debido a que no es posible identificar una causa, muchos otros sí podrían evitarse si se hicieran chequeos cardiovasculares. Analizando la evidencia científica, al menos cuatro de cada diez casos son ocasionados por patologías cardíacas tratables (hay otras que no pueden tratarse). Es decir, si quienes están expuestos a un mayor riesgo (ver "quiénes deberían controlarse") se hicieran controles cardiovasculares podrían evitarse una gran cantidad de muertes súbitas. Estos controles pueden variar desde una electrocardiograma, pasando una ergometría hasta estudios más complejos de acuerdo al perfil de riesgo de cada persona. Siempre es importante aclarar que un chequeo no garantiza indemnidad frente a este problema. Su utilidad reside en la posibilidad de identificar una causa potencialmente prevenible.
Quiénes deberían controlarse
Hay dos grupos de personas que indudablemente deben controlarse:
● Aquellos que realizan actividad deportiva intensa (no solo quienes hacen deporte de alta competencia).
● Aquellos en quienes se ha detectado alguna señal de advertencia (ver más arriba).
En algunos países se realizan controles a toda la población joven. Sin embargo algunos científicos dudan de la efectividad de estas políticas.
● Aquellos que hace mucho tiempo que no realizan ningún tipo de actividad física y han decidido volver a hacer deporte.
Consecuencias
Si bien la muerte súbita puede tener múltiples causas, la vía final común es el paro cardíaco. En Una considerable proporción de casos, éste puede revertirse mediante un adecuado protocolo de resucitación que, para que sea efectiva debe iniciarse cuanto antes. Luego de 6 minutos en paro cardíaco comienza a producirse daño cerebral y por cada minuto que transcurre sin resucitación las chances de revertir el paro cardíaco decrecen entre un 7% y un 10%. Si transcurren más de 10 minutos sin haberse iniciado las maniobras las chances son realmente muy bajas.
Muerte súbita y deporte
Muchas de las muertes súbitas son desencadenadas por la actividad deportiva. Siempre hay que contarle al médico qué tipo de deporte hacemos, con qué frecuencia y con qué intensidad. El hecho de padecer algún problema cardíaco puede constituir una contraindicación para hacer deportes. Un ejemplo es la miocardiopatía hipertrófica (ver más arriba en Causas). Sin embargo, en el caso del jugador de fútbol Anthony Van Loo, quien padece esta enfermedad y a pesar de ello se le permitió volver a competir pero luego de la colocación de un cardiodesfibrilador implantable (CDI). En el video se puede ver como sufre un paro cardíaco por una fibrilación ventricular, arritmia fatal que ocurre en la miocardiopatía hipertrófica. El jugador muere como consecuencia de la arritmia, el cardiodesfibrilador implantable detecta el problema y envía los impulsos eléctricos necesarios para que el corazón retome su ritmo normal. A los pocos segundos, cuando el corazón vuelve a latir normalmente, el jugador “revive”. Maravillas de la tecnología!
Como conclusión sobre este tema podríamos insistir en que muchos casos de muerte súbita podrían evitarse. Para ello es necesario realizar chequeos cardiovasculares que permiten detectar causas prevenibles. La normalidad de estos chequeos no garantiza indemnidad frente a esta condición. Simplemente nos aporta la tranquilidad de saber que hicimos todo lo posible para reducir el riesgo de una forma significativa. Además es fundamental alimentarse bien, no hacer ejercicio en ayunas e hidratarse antes, durante y después de hacer deporte.
Referencias
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