
“He suddenly complained of a terrific headache and he became unconscious a minute later | 3:35 PM: I pronounced him dead”. Repentinamente sintió una terrible cefalea y perdió la consciencia un minuto después | 3:35 pm lo declaré muerto, lo dijo su médico personal. Howard Bruenn, era médico en hospital de la base naval de Bethesda durante la 2da guerra mundial. Tiempo después fue su médico personal. Unos 25 años después de la muerte de su paciente escribió: Clinical Notes on the Illness and Death of President Franklin D. Roosevelt (1970). Desde 1936 se tejieron todo tipo de teorías sobre la salud de Franklin D. Roosevelt. La polémica continúa todavía hoy. La historia clínica de Franklin D Roosevelt estaba en una caja fuerte de la base naval de Bethesda, pero desapareció luego de su muerte. El 27/03/44 el Dr Bruenn, cardiólogo, fue consultado para evaluar el estado de salud de Roosevelt. Encontró signos de insuficiencia cardíaca. Los años de presión arterial muy alta sin controlar habían hecho estragos. El presidente tenía un tinte pálido azulado. Fumaba mucho. El cuadro era grave.
Internado en la Casa Blanca, una junta médica deliberó durante 3 días. Se lo revisaba y se hacían análisis diariamente. Hubo mucha discusión entre Bruenn y el resto de los médicos pero acordaron un tratamiento y reunirse 2 semanas después. Dos semanas después la presión era de 21/11 (210/110). Había seguido fumando y comiendo con sal. Los días siguientes la máxima llegó a 23. De descanso en South Carolina, luego de 30 días la presión máxima variaba entre 19 y 24, estaba decidiendo algo importante para los EEUU. En viaje en tren a San Diego, habló por radio 20/07/44 aceptando la nominación del partido demócrata para su 4to mandato como presidente. Mucho se hablaba en ese momento sobre varios ataques cerebrales que había sufrido Roosevelt. La postulación era, al menos, polémica. De San Diego viajó en el Baltimore USS hacia Pearl Harbor para discutir la estrategia de la Guerra del Pacífico. El 11/09/44 se encontró con Winston Churchill en Quebec para planear el golpe final a Japón. Dos meses después, seguía con 21 de máxima. El Dr. Bruenn escribió en su artículo que el 27/11/44 la presión llega a un “alarmante” valor de 26. Increíblemente llevaba años así! Ya a principios de febrero de 1945 junto con Churchill y Stalin definían el futuro del mundo en las CRIMEAN CONFERENCES en el LIVADIA PALACE.

Hacia el final de las reuniones en Yalta se volvió a sentir mal y por primera vez Bruenn detectó pulsus alternans, signo de mal pronóstico. Roosevelt tenía un resfrío y Bruenn había decidido tratarlo con gotas descongestivas para la nariz. Obviamente seguía muy hipertenso. Unos 45 días después de Yalta se lo veía mal y le indicaron reposo en Warm Springs. Del 29/03 al 12/04 el reposo dio resultado: estaba mejor. El 12 de abril de 1945 despertó con dolor de nuca y cefalea tenue. Trabajó bien hasta el mediodía pero todo cambió súbitamente a las 13.15. Mientras posaba para un retrato sintió un dolor cabeza repentino y explosivo. En 1 minuto estaba inconsciente Bruenn describe: “tenía contracciones tetánicas” y que “la pupila derecha se dilató en pocos minutos”. Presión arterial 30/19. Si, 300/190. A las 15.30 la respiración era irregular y el presidente estaba azul. A las 15.31 dejó de respirar y se iniciaron maniobras de resucitación. Una inyección de adrenalina intracardíaca no fue suficiente. Cuatro minutos después, a las 15.35, Franklin D Roosevelt había fallecido.
Comentarios
Hay varias situaciones en la historia de Roosevelt que pueden servir para entender la relación entre la hipertensión arterial y el ataque cerebral.
A Franklin D. Roosevelt le diagnosticaron la hipertensión arterial en 1937, cuando tenía 55 años. Desde ese año hasta su último día de vida, nunca pudieron normalizarla. La máxima siempre estuvo por encima de los 17 (170 mmHg). Habitualmente la gente teme al “pico de presión”. Es un miedo natural pero no del todo fundado. El pico de presión no es bueno, obviamente, pero lo que realmente hace que las personas tengan un riesgo aumentado de sufrir un ataque cerebral es tener la presión persistentemente alta como la tenía Roosevelt. Este presidente de los Estados Unidos tenía la presión extremadamente alta, en valores que no vemos muy seguido. Sin embargo, no es necesario que la presión esté tan elevada para considerarla un factor de riesgo. Cifras persistentemente mayores de 14/9 son suficientes como para aumentar el riesgo de enfermedad cerebrovascular. En el final de su artículo, el Dr. Bruenn dice textualmente: “I have often wondered what turn the subsequent course of history might have taken if the modern methods for the control of hypertension had been available” [Siempre me he preguntado cómo habría cambiado la historia (de los Estados Unidos y del Mundo) si en ese momento hubieran existido los métodos modernos para controlar la hipertensión arterial]. Lo que dice es totalmente cierto. El artículo fue escrito en 1970. Hoy, 40 años después de esa publicación y 73 años después de que se diagnosticara la hipertensión a Roosevelt, sería inadmisible para cualquier médico que un paciente suyo tenga la presión arterial tan fuera de control y durante tanto tiempo. La vida de Roosevelt es un claro ejemplo de una enfermedad librada a su natural evolución, sin intervención de la medicina.
La presión arterial elevada va horadando el interior (endotelio) de las paredes arteriales, lo que favorece la formación de placas de colesterol y a la vez hace que las arterias estén más propensas a romperse. Las consecuencias potenciales más evidentes, pero no las únicas, son el infarto agudo de miocardio (ataque cardíaco), el ataque cerebral isquémico (Infarto cerebral) y el ataque cerebral hemorrágico (hemorragia cerebral). En Argentina, 8 de cada 10 pacientes que sufren un ataque cerebral son hipertensos. Algunas estadísticas dicen que al menos un tercio de los hipertensos no sabe que tiene la presión alta. Otro tercio sabe que es hipertenso pero sus valores de presión no están normalizados. Algunos de ellos ni siquiera están tratados. Por este motivo es importante aprovechar toda consulta médica, sea de la especialidad que sea, para tomarse la presión. Es ilógico que en el año 2010, con la disponibilidad de tratamientos (farmacológicos o no) que existen, los hipertensos no tengan su presión arterial en valores normales.
Otro dato interesante que surge de la historia que relata el Dr. Bruenn es que estando Roosevelt resfriado, le indicó gotas nasales. Estos descongestivos, con gran potencia vasoconstrictora (hacen que se contraigan las arterias) suelen ocasionar hipertensión arterial. Hoy, jamás se nos ocurriría darle este tipo de medicamentos a una persona con valores de presión arterial como los tenía Roosevelt.
Un aspecto remarcable de la historia es que, a pesar de los múltiples factores de riesgo que tenía Roosevelt (sobrepeso, sedentarismo, estrés, etc.), sus médicos no le indicaron tomar aspirina. Esto es entendible porque el efecto protector de la aspirina fue descripto por John Vane en 1971, un año después de la publicación del artículo de Bruenn y 25 años después de la muerte de Roosevelt. El Dr. Vane, farmacólogo inglés, ganó el premio Nobel de Fisiología / Medicina en el año 1982 por este descubrimiento. Charles Frederic Gerhardt sintetizó por primera vez la aspirina (ácido acetil salicílico) en el año 1853 y recién 118 años después Vane descubrió la propiedad que hace que todavía hoy la aspirina sea la droga más utilizada en el mundo. Es importante destacar que no todas las personas deben usarla. Es una decisión que le corresponde al médico. La automedicación con aspirina y otras drogas similares es una de las primeras causas de insuficiencia renal y hemorragia digestiva.
Finalmente, la causa del fallecimiento de Roosevelt fue un ataque cerebral. La descripción clínica de los síntomas es típica del ataque cerebral hemorrágico (sangrado dentro de la cabeza) por la ruptura de una arteria, seguramente dañada por tantos años elevada. Nunca podrá confirmarse porque no se hizo una tomografía y tampoco se autorizó la autopsia. El dolor súbito, explosivo, de máxima intensidad desde el comienzo, es uno de los 5 síntomas típicos del ataque cerebral. El relato del Dr. Bruenn habla de contracciones tetánicas, que seguramente fueron convulsiones precipitadas por la irritación que produce la sangre en la corteza cerebral. En el artículo también dice que en pocos minutos quedó inconsciente. Es típico de los ataques cerebrales hemorrágicos que se produzca una relativamente rápida pérdida de la conciencia. Obviamente en esa época no era posible hacer una tomografía ya que recién en 1972 se anunció la existencia el primer tomógrafo. En el año 2010, ante un caso así una persona sería inmediatamente trasladada al hospital más cercano para poder hacer una tomografía, determinar qué tipo de ataque cerebral se trata e iniciar el tratamiento correspondiente de forma inmediata.
Para dejar a los lectores un mensaje genuinamente positivo, debemos decir que la historia ha cambiado mucho desde entonces. Hoy en día, el tratamiento y la normalización de la presión arterial, junto con otras medidas preventivas, han llevado a una sensible reducción de la mortalidad cardio y cerebrovascular en los países más desarrollados. Además, afortunadamente existen tratamientos que pueden ser administrados en las primeras horas desde el inicio de los síntomas y sirven para disminuir la probabilidad de quedar con secuelas luego de un ataque cerebral.
Referencias
Lerner BH. Crafting Medical History: Revisiting the "Definitive" Account of Franklin D. Roosevelt's Terminal Illness. Bull Hist Med 2007;81:386-406.
Bruenn HG. Clinical Notes on the Illness and Death of President Franklin D. Roosevelt. Ann Intern Med 1970;72:579-591.


